Desde el Valle Calchaquí, Tucumán construye una identidad vitivinícola única en el mundo, donde la cultura, la altura y la innovación se combinan para posicionar sus vinos como emblema regional.

La producción de vinos de calidad en el NOA y, particularmente en Tucumán, representa mucho más que una actividad económica: es un caso emblemático de cómo la identidad territorial puede transformarse en motor de innovación y desarrollo. En este camino, el acompañamiento de Marca Tucumán resulta clave como herramienta para potenciar y proyectar esa identidad para fortalecer el posicionamiento de los vinos locales en el mercado.

Un informe reciente que elaboró el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), señala que la industria vitivinícola de Tucumán estuvo marca, durante la década de 1990, por un proceso de reconversión profunda, orientado a revalorizar el producto y a destacar atributos distintivos como la altura de sus viñedos -entre los más elevados del mundo- y la riqueza cultural de la región. Este enfoque permitió construir una identidad propia, diferencial, que hoy distingue a los vinos tucumanos en el mercado.

La transformación del sector se apoyó en la incorporación de nuevas tecnologías, de insumos y de prácticas productivas. La introducción de varietales seleccionados, el uso de barricas de roble francés y americano, la implementación de tanques de acero inoxidable y sistemas de riego por goteo, junto con técnicas como la cosecha en verde o tardía, marcaron un salto cualitativo en los procesos de elaboración.

En este camino, el capital humano fue un factor clave. La formación de trabajadores locales, el intercambio de conocimientos con regiones vitivinícolas de referencia y la participación de consultores internacionales permitieron consolidar capacidades técnicas y elevar los estándares de calidad.

Aporte clave
Un hito fundamental en esta evolución fue el impulso pionero de Arnaldo Etchart, quien en 1988 invitó al reconocido enólogo Michel Rolland a trabajar en Cafayate. Esta colaboración introdujo una mirada innovadora que desafió las prácticas tradicionales y contribuyó a posicionar a los vinos del NOA en el escenario internacional.

Así, la vitivinicultura de Tucumán logró consolidar un activo estratégico: una marca colectiva basada en su identidad cultural. La conexión entre territorio, historia y saberes locales permitió transformar una idea innovadora en una propuesta concreta y diferenciada, donde cada vino expresa las particularidades de su origen.

Hoy, los vinos tucumanos no solo representan calidad, sino también una forma de contar la historia de su tierra. Una identidad de altura que continúa proyectándose al mundo como símbolo de creatividad, tradición e innovación.

Informe completo del BID

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