“Hablar de Bernabé Aráoz es hablar de tucumanidad pura, es hablar de nosotros”
En 1812, Bernabé Araoz era un líder natural del pueblo tucumano, quienes fueron a verlo a su casa de la calle Congreso primera cuadra y le pidieron que hablara con Manuel Belgrano, que tenía orden de abandonar Tucumán y retroceder hasta Córdoba. El pueblo le reclamaba a Belgrano que se quedara con el ejército para defenderse en batalla. Y si tenían que morir, lo harían dignamente.
Aráoz fue con su tío, Pedro Miguel Aráoz -congresal después en 1816-, y con sus primos Cayetano Aráoz y Diego Aráoz. Se encontraron con Belgrano en La Encrucijada, el 10 de septiembre, y le plantearon la situación. Belgrano respondió: “oiga Aráoz, usted está loco. Yo para quedarme a pelear acá necesito tal cantidad de hombres, dinero y armamento”. Aráoz respondió: “quédese general, los tucumanos le vamos a entregar el doble”.
Y así sucedió…
Esa desobediencia fue fundamental. Se regimentó un pequeño ejército de milicias, que no llegaba a 1.800 hombres; la mayoría eran gauchos que nunca en su vida había escuchado un clarín. Les dieron la mínima instrucción militar y es con esos hombres que Belgrano dio la batalla imposible que salvó la suerte de la revolución sudamericana.
La mayoría de las tropas milicianas que dieron pelea fueron de las haciendas de los Aráoz. Fue un hombre que demostró un temple extraordinario en las batallas de Tucumán y de Salta, las más importantes que se han peleado en territorio nacional. Belgrano le dio el grado de Coronel Mayor del Ejército de la Patria. Después Aráoz arma una milicia gaucha, los famosos “Decididos de Tucumán”, que eran de Tucumán, Salta, Jujuy y Catamarca.
Luego cuando San Martín se hizo cargo del Ejército del Norte, en reemplazo de Belgrano, determinó separarnos políticamente de Salta. Entonces armó la Provincia Autónoma de Tucumán y lo hizo nombrar a Aráoz primer gobernador, el 8 de octubre de 1814. Fue una gestión extraordinaria en la que, por ejemplo, trajo el agua potable a Tucumán a través de canales. Pero hay más: en 1816 alentó y organizó el Congreso de Tucumán.
Como muchas figuras de la época su final fue trágico. Aráoz fue un líder, un caudillo que trabajaba por el federalismo. Por eso tuvo enemigos tanto en Buenos Aires como en Tucumán. En nuestra provincia entra en conflicto con Javier López, que tenía ideas unitarias. Hubo desencuentros entre ellos que terminaron con revoluciones y contrarrevoluciones. En 1824 Aráoz es derrotado, huye a Salta, y ahí empezó a conspirar nuevamente contra López, por lo que el gobernador salteño lo entregó en Trancas, donde lo tuvieron prisionero. Hasta que le llegó a López una carta de Juan Gregorio de Las Heras, mano derecha de Bernardino Rivadavia, padre del unitarismo argentino. López entrega esa carta a la Legislatura del momento y dos días más tarde Aráoz apareció fusilado.
Bernabé se convirtió en el padre del federalismo tucumano y del norte, y en el mártir de ese federalismo. Él entregó su vida en función de un ideal.
Texto: Jose Maria Posse.